Santa Teresa de Los Andes, una amante del deporte

Viernes 07 de Febrero, 2020


 



Todo lo que sea deporte le fascinó. Era estupenda equitadora. Desde niñita, su abuelo le había enseñado a montar a caballo y no había nada que le gustase más que cabalgar. Le divertían los largos paseos a caballo por cerros y quebradas. Se lanzó decidida por cualquier parte desafiando peligros. Envidiaba a los jóvenes que iban por varios días a la cordillera.

También le encantaba el tenis y manejar la "cabrita". Pero sobre todo, era una gran nadadora, al ser alta y bien proporcionada, tenía excelentes cualidades para la natación. Superó el récord de rapidez y resistencia entre sus familiares, resultando indiscutiblemente vencedora en cuantas competencias organizaban.

Se extasiaba a la vista de los paisajes pintorescos, que retrató después con precisión y colorido en sus cartas. El mar y las bellezas de la naturaleza le hacían sentir sed de lo infinito.
Además, estudió música y canto, y las veces que asistió al teatro a alguna ópera, supo apreciar la voz y el desempeño de los actores.

"He salido mucho a caballo y estoy encantada con subir y bajar cerros. Aquí están admirados porque no me canso, y me dicen que soy una verdadera amazona. No dejaría de ser una vergüenza si no lo fuera.
Nos ha bajado furor por el tenis. Estoy aprendiendo. Me encanta.
No hemos hecho ningún paseo grande, pues los chiquillos se van a la cordillera por seis días. Te aseguro que los envidio con toda el alma.
Me siento llena de Dios. No hay separación entre nosotros. Donde yo vaya, El está conmigo, dentro de mí. Vivo con Él. Y a pesar de estar en los paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda interrumpirnos.
La voluntad de Dios es un alimento espiritual que fortifica el alma que se entrega a El gustosa".

Teresa de Los Andes



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